Ayer me embriagué al saborearla,
como una botella con viejo whisky reposado;
que al conservarse por 18 años sin probarla,
al paladar de cualquier buen bebedor de amor fui cautivado.
Como tal, tome su cuello entre mis manos
y quebré el lacre esperado,
abrí lentamente y lo canteé a mi vaso ansioso;
para catar el sabor de su alambique,
manantial, de su grano destilado
y goce de la embriagadora euforia de su cuerpo hermoso.
Me embriagué y aún borracho me conservo,
oliendo el bouquet de la botella aquella;
impregnado entre mis ropas, y ahora yermo
bebo a su salud porque era bella.
