Ella es sal en la llaga de corazón,
viento frío que corta, que congela;
un látigo que al alma la flagela,
sutil veneno matando a la razón.
Cruel, nunca jamás cediendo ante el perdón,
su revancha la clama y la revela;
ya no importando duela a quien le duela,
cegándose al presumir una traición.
Las lenguas viperinas majestuosas,
que hablan sin saber lo que ha pasado,
ya burlándose están las venenosas;
logrando el cometido proyectado,
se retiran felices y orgullosas,
sabiendo ya del daño que han causado.
